El periodo Heian y las Guerras Genpei en Japón - del Imperio al feudalismo

Esta vez nos adentraremos un poco en la historia de Japón, el país del sol naciente. Un lugar lejano, que durante mucho tiempo permaneció cerrado a Occidente, con tradiciones ancestrales, una cultura muy rica y códigos guerreros basados en el honor del cual a occidente sólo nos llegó un pequeño eco, una figura que llegó a convertirse en un símbolo, el samurái, pero que no es sino un resquicio de su amplia y curiosa historia.

Más en concreto, en un momento vital de su historia, lleno (como suele pasar en los periodos de cambio) de guerras, crisis y modificaciones radicales del sistema anterior.

Nos encontramos en Japón, en el año 1185, un momento clave en su historia, pues se establecerían unos cambios que durarían prácticamente hasta la Restauración Meiji, allá por 1870, cuando las potencias occidentales volvieron a entrometerse en el destino del país del sol naciente. 

Pero antes de adentrarnos en los sucesos de 1185 es necesario echar la vista atrás para comprender su importancia. En la época en la que nos encontramos, denominada como Periodo Heian y que duró desde el 794 hasta el acontecimiento que veremos en 1185. Fue una época en la que destacaron las artes, como la poesía y la literatura. A nivel religioso, el Confucianismo había llegado a su cénit y el budismo empezaba a extenderse. 

A nivel político, tenía gran importancia la clase aristócrata que rodeaba al Emperador, el cual era el máximo gobernante de los nipones. En torno al siglo X empezó a surgir una aristocracia local (similar a la nobleza europea) en la cual el Emperador delegó funciones para controlar más fácilmente cada región. Ésta estaba agrupada en tres principales clanes, los Fujiwara, los Taira y los Minamoto. Estos empezaron a interesarse por la vida militar, ya que la veían como una forma de conservar el poder, y llegaron a convertirse en una especie de nobleza guerrera. 


Durante mucho tiempo los Fujiwara controlaron la corte, poniendo emperadores a su antojo de entre sus favoritos, hasta que el emperador Go-Sanjo (que, debido al deseo de sucesión del anterior emperador, no era de los Fujiwara), allá por 1070, introdujo medidas para aumentar su poder personal y alejar a los Fujiwara del ansiado trono. 
Esto sucedió en medio de una etapa de crisis que, entre los s X y XI, hizo que las tres familias compitieran entre sí, dando lugar a grandes enfrentamientos que rompieron la paz que llevaban disfrutando los nipones desde el inicio del periodo Heian. 

Todo se decantó en un conflicto sucesorio que enfrentó a los Taira y los Minamoto, que apoyaban a un candidato a emperador de los suyos, contra los Fujiwara, que hacían lo mismo. Al final estos últimos fueron destruidos.

Ya sólo quedaban dos familias, y la que lograra subyugar a la otra tendría ante sus manos el dominio absoluto de Japón, ya que habría amasado un gran poder y tendría a su disposición el trono imperial, aún en disputa, ya que ahora cada clan apoyaba a un candidato distinto.


Insignias de los clanes Minamoto (izquierda) y Taira (derecha)
Así pues, el choque era inevitable. Ambos clanes se enfrentaron en una serie de cruentos conflictos denominados como Guerras Genpei, que duraron desde 1180 hasta 1185.
Todo empezó en la batalla de Uji, el 23 de junio de 1180, en la que el clan Taira derrotó a los Minamoto y logró asesinar a su candidato al trono. Además, en la batalla cayó también a Minamoto no Yorimasa (en la onomástica japonesa el apellido, en este caso Minamoto, se escribe antes que el nombre), líder del clan que, como curiosidad, fue el primer samurái en suicidarse mediante el harakiri antes de ser capturado, y desde entonces se convertiría en una tendencia usada hasta la Segunda Guerra Mundial.

Poema y representación del momento en el que Minamoto no Yorimasa se disponía a suicidarse mediante el harakiri o seppuku, después de haber sido alcanzado por una flecha, para no ser capturado por los guerreros Taira.

Llegados a este punto, no había vuelta atrás. Las hostilidades habían sido anunciadas y la sangre había sido derramada. A los nipones, que llevaban ya años sumidos en guerras intestinas, les esperaba otra sangrienta guerra civil, una que decidiría el destino de su país durante siglos. A Yorimasa le sucedió Minamoto no Yoritomo, que encabezó la lucha de los Minamoto hasta que a mediados de 1181 ambos bandos llegaron a un alto el fuego temporal debido a la hambruna que desde hace dos años azotaba el país. 
En 1183 se reanudaron las hostilidades. El clan de los Taira parecía tener cierta ventaja sobre su rival hasta que se libró en 1185 la decisiva batalla naval de Dan-no-ura. La armada de los Taira, compuesta por unos 500 barcos, esperó la llegada de sus rivales frente a un estrecho. Los Minamoto se presentaron con la mayor armada que habían logrado reunir, llegando a los 800 barcos. En un principio el viento soplaba a favor de los Taira, que lo supieron aprovechar embistiendo contra la armada de los Minamoto. Sin embargo, ésta, superior en número, logró aguantar hasta que el viento cambió a su favor. Así, empujaron a los Taira hacia el estrecho. Éstos, que vieron como por un lado la amenaza de las naves de Minamoto se cernía sobre ellos y por otro el amenazante estrecho amenazaba con destruir sus barcos, aguantaron como pudieron hasta ser destruidos.

Pintura de la época sobre la batalla de Dan-no-ura.

Así los Minamoto salieron victoriosos de la contienda. Ahora todo dependía de Minamoto no Yoritomo, el líder del clan que había salido invicto. 

Su decisión traería grandes cambios a la tierra del sol naciente: en lugar de coronarse él mismo como Emperador, puso a su candidato, pero la cosa no quedó ahí. Se nombró a sí mismo 'shogun', estableciendo un nuevo tipo de gobierno, el Shogunato.
Consistía en que el shogun tenía poder absoluto y el Emperador sólo se quedaba con el título, ya que debía acatar las órdenes del shogun (siendo, en la práctica, una dictadura militar).

Pintura de Minamoto no Yoritomo.

Estableció todo un sistema administrativo en el que cada provincia gozaba de cierta autonomía y era gobernada por un shugo, elegido por el shogun (estos shugo serían los predecesores de los daimyo, una especie de soberanos feudales similares a la nobleza terrateniente europea) 

Así, se pasó de un gobierno presidido por el Emperador y con una serie de clanes con cierto poder a uno en el que el shogun tenía todo el poder, siendo el Emperador un mero títere en sus manos. 

Esta manera de gobernar continuaría, con pequeñas alteraciones, hasta los turbulentos momentos de la segunda mitad del s XIX en los que los estadounidenses arribaron a las costas niponas. Pero eso es otra historia, y merece ser tratada aparte, cosa que espero hacer muy pronto. 

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